Carmín. Un poco más de carmín solo le quedaba eso...
Una sonrisa le devolvió el espejo. Estaba espléndida parecía una humana más del montón. Qué bueno fue aquello de seguir el mismo patrón de una chica de calle, corriente, sin aficiones ni aspiraciones nada más que beber hasta que el cuerpo aguantara y utilizarlo para una buena causa. Volvió a contemplarse en el espejo con cierto egocentrismo y superioridad.
Ese ceñido vestido negro iba a juego con su alma. Sus curvas eran igual de peligrosas que sus intenciones. El diablo nunca se había apropiado de un cuerpo más bello y deleitable.
(....)
- Hola belleza. - ese saludo lo había escuchado hasta la saciedad durante toda la noche. Tesa giró su inescrutable rostro y le observó de arriba a abajo mientras se llevaba el dedo índice a sus labios lentamente. - ¿Qué quieres? - el susodicho compuso su mejor sonrisa de fanfarrón y se relamió los dedos a la par que se aproximaba y el olor a dulce lo envolvió como si se tratase de un caramelo. - Mmmmm. - aspiró del aroma de Tesa, ese almizcle comenzaba a aturdirlo. - Espero que tu cuerpo esté igual de delicioso que el perfume que llevas, bombón.
Tesa lo observó detrás de sus espesas pestañas con curiosidad como si fuese un juguete nuevo. - Soy mucho más que eso - puntualizó haciendo que resonaran sus palabras muy cerca de su oído para posteriormente llevar una mano a su pecho. - ¿Quieres jugar a un juego? - el chico no tardó ni una milésima de segundo en afirmar con efusividad. - Sígueme. - su voz cambió totalmente. Era tan fría como dos carámbanos de hielo pero su sonrisa mostraba todo lo contrario, el veneno lo escondía en las apariencias. El chico parpadeó un momento confuso, no se podía creer que se la hubiese ganado tan rápidamente...
Y la siguió y fue la peor decisión tomada de su vida.
- ¿ Cómo te llamas? - preguntó en una especie de ronroneo Tesa que le había llevado hacia una habitación. En la oscuridad detectó que el temor afloraba en sus cuerdas vocales al responderle. - Eh.... Thomas. -
El demonio lo miró con desprecio y repugnancia. Un mundano más... Qué fácil era engatusarlos.
- Hoy es tu día de suerte Thomas - y en ese preciso momento el chico supo que delante de él no se encontraba la chica de sonrisa sensual y provocativa. El miedo se adueñó de su corazón y el frío caló todos sus huesos, la voz que acababa de escuchar no se identificaba con un registro humano.
Rápido. Como muere una vela encendida por el viento. Rápido como un afilado cuchillo.
Así acabó la vida de Thomas.
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